El Poder de Dios

 

por Horacio Omar Rivas, C.S., de Boston, Massachusetts

Miembro del Cuerpo de Conferenciantes de La Iglesia Madre,

La Primera Iglesia de Cristo, Científico, en Boston, Massachusetts, U.S.A.

 

El conferenciante dijo en substancia lo siguiente:

 

En el mundo actual a menudo se menciona la palabra "poder" conectada con diversas teorías, movimientos y organizaciones. Se oye hablar del poder de la fuerza de voluntad, del poder del hombre, el poder negro, el poder político, y por supuesto, del poder de la fuerza atómica.

En la mayoría de estos casos, el término "poder" se relaciona con movimientos o fuerzas tendientes a modificar situaciones por medios humanos y materiales, aunque los resultados no son siempre satisfactorios.

Sin embargo, existe un único poder, el que puede mejorar cualquier situación humana sólo por medios espirituales. Es un poder que siempre está a disposición de todo aquél que lo busca y lo comprende.

Mi primer encuentro consciente con este poder tuvo lugar cuando yo no era más que un niño. Nací con un defecto en un pie el que, según los médicos, me imposibilitaría caminar normalmente por el resto de mi vida.

El veredicto médico se hizo realidad. Cuando la mayoría de los chicos comienzan a caminar, yo no pude hacerlo. Mis padres hicieron todo lo posible por hallar una solución, pero sin resultados. Finalmente, con la ayuda de botas y aparatos ortopédicos, comencé a caminar con gran dificultad y con mucho dolor.

Tendría yo unos cuatro años de edad, y nos encontrábamos de vacaciones en el campo, cuando un día, una persona de mi familia me habló de Dios. Me dijo que si yo le pedía a Dios que me sanara el pie, Dios me sanaría.

Acepté esto sin dudar un momento. Cuando mi madre vino a ayudarme a colocarme los aparatos y las botas especiales, yo le dije: "No mami, yo quiero un par de zapatos como tienen los otros chicos", Como mi madre insistiera recuerdo haberle dicho: "Le pedí a Dios que me sanara el pie, y yo se que El me ha escuchado".

Tuve tanta confianza que mi madre envió a que me compraran un par de, zapatillas — que era lo más parecido a un par de zapatos que se podía comprar en ese pueblo.

Cuando me calzó las zapatillas y me paró sobre el piso, comencé a caminar por primera vez en mi vida sin ayuda material. Pocos, quizás, comprendieron en aquel momento lo que había sucedido. Pero mis padres y yo sabíamos que había sido el poder de Dios lo que me había dado esa libertad.

 Y éste es el tema al cual quisiera referirme hoy: "El poder de Dios". El poder sanador del bien infinito, capaz de restaurara la salud y la moral a cualquier persona sólo por medios espirituales. Este poder infinito de Dios está a disposición de todos.

El primer paso es la fe

El poder de Dios no es nuevo para la humanidad. Desde épocas remotas muchos han tenido la evidencia práctica de la existencia de un poder supremo e invisible que los ha rescatado de situaciones desesperadas.

En la Biblia hallamos muchos ejemplos de este poder. Uno de ellos es el de Moisés. Moisés se sintió divinamente impulsado a ayudar al sufriente pueblo hebreo a escapar del cautiverio egipcio. Fue guiado a aceptar este papel único de líder y legislador de una nación entera, aun cuando se sentía humanamente incapacitado para dicha tarea.

Podríamos preguntamos: ¿Cómo percibió Moisés la misericordia y la compasión infinita de Dios? ¿Por qué tuvo la certeza de que Dios realmente se preocupaba por los hijos de Israel? ¿De dónde obtuvo la inteligencia y el valor para liberar a su pueblo? ¿Cómo demostró el poder sanador de Dios para curar a su propia hermana, María, cuando ésta quedó leprosa? Como en el caso de muchas otras personas, podríamos decir que su primera vislumbre del poder infinito de Dios nació de la fe.

Quizás recuerden que Moisés, aunque nacido de padres hebreos, fue criado por la hija del Faraón egipcio en el esplendor y el lujo de la corte imperial. Pero al llegar a adulto Moisés sintió que no pertenecía a ese pueblo y que no debía adorar a esos dioses.

Nos informamos algo de su carácter al leer en la Epístola a los Hebreos lo siguiente: "Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado". (1)

¿Qué es esta fe que hace que un hombre deje el bienestar material por un ideal espiritual? Primeramente, digamos que la fe no es meramente creencia ciega. La mera creencia a menudo nace de la ignorancia, el temor o la superstición. La fe, en cambio, tiene un origen espiritual, por eso logra magníficos resultados.

En su libro Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, dice: "La fe es más elevada y más espiritual que la creencia. Es un estado de crisálida del pensamiento humano, en el cual la prueba espiritual, contradiciendo el testimonio de los sentidos materiales, empieza a aparecer, y la Verdad, que está siempre presente, se va entendiendo." (2)

Inspiración e intuición

La fe genuina incluye inspiración. La inspiración nos alienta a buscar las cosas más profundas de Dios porque la inspiración procede del Alma y Alma es uno de los nombres para designar a Dios en la Christian Science. Christian Science, que significa Ciencia Cristiana, es el nombre que la Sra. Eddy dio a su descubrimiento. Cuando el pensamiento tiene inspiración, trabajamos con renovado vigor. La vida adquiere un nuevo significado, y el verdadero regocijo — que es espiritual — comienza a brillar en nuestra experiencia.

La fe, alimentada por la inspiración, nos proporciona energías espirituales. Estas energías van más allá en sus alcances que las meras energías físicas o la fuerza del intelecto. Esas energías son espirituales pues tienen su origen en la Mente divina, Dios.

La inspiración elimina de nuestras tareas diarias toda sensación de monotonía. ¿Por qué? Porque la inspiración nos permite ver que nuestra verdadera actividad es reflejar a Dios, el bien, nuestro Padre celestial.

La fe incluye también intuición espiritual. Esta cualidad espiritual del pensamiento nos da la certeza de la existencia de aquello que no puede ser percibido por los sentidos físicos. Como dice la Biblia: "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". (3)

El descreimiento o incredulidad es ceguera espiritual. La fe en el poder del Espíritu, Dios, nos revela las posibilidades infinitas que tenemos de disfrutar ahora mismo del bien eterno.

Demostración del poder de Dios por medio de la fe

La siguiente experiencia, de la cual tengo conocimiento directo, ilustra la importancia de la fe como el primer paso para percibir el poder de Dios. Hace algunos años le avisaron a una señora amiga que su marido se había caído de un ómnibus en movimiento. Lo llevaron a un hospital, y los médicos diagnosticaron una seria fractura de cráneo. Sus probabilidades de vida eran mínimas.

Mi amiga nunca había oído hablar de la Ciencia Cristiana, pero una vecina a la cual acudió en su desesperación, le recomendó que probara esta Ciencia. De manera que le pidió a una practicista de la Ciencia Cristiana que tratara a su marido. Este tratamiento se basa exclusivamente en la oración.

Esta mujer decidió confiar en esta Ciencia ya que su marido había sido desahuciado. Y confortada por las palabras alentadoras e inspiradoras de la practicista, esta señora tuvo fe en el poder de Dios como el único poder que podía preservar la vida del hombre. El resultado fue que, luego de dos semanas, el marido estaba completamente sano.

La aceptación — por fe — del poder sanador de Dios como se revela en la Ciencia Cristiana, capacitó tanto al marido como a la mujer para experimentar este poder. En la actualidad ambos son devotos estudiantes de esta Ciencia. Y les ha dado muchas pruebas del poder de Dios en la curación de enfermedades así como en el mejoramiento de la situación económica.

Cristo Jesús y la importancia de la fe

La fe ha posibilitado la realización de grandes obras que parecían humanamente imposibles. Ha sido una constante fuerza impulsora en el pensamiento de grandes hombres y mujeres del mundo. Por medio de la fe inspirada y la intuición espiritual los profetas de la antigüedad percibieron las realidades espirituales del ser, anunciaron la venida del Mesías o Cristo, y comprobaron en cierta medida el poder infinito de Dios.

Esto no es de sorprender cuando consideramos lo que Ciencia y Salud dice acerca del término "profeta": "PROFETA. Un vidente espiritual; la desaparición del sentido material ante las realidades conscientes de la Verdad espiritual". (4)

Estas "realidades conscientes de la Verdad espiritual" fueron maravillosamente demostradas en la vida y la obra de Cristo Jesús. El ilustró estas "realidades conscientes" en la curación del enfermo y la reforma del pecador, por medio del poder divino.

Jesús dio gran importancia a la fe como factor fundamental en tales pruebas del poder espiritual. En una ocasión Pedro, su discípulo, trató de caminar sobre el agua como Jesús lo estaba haciendo. Cuando Pedro comenzó a hundirse, el Maestro lo rescató de perecer ahogado, y lo reprendió con estas palabras: "¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?" (5) Quizás Pedro comenzó a hundirse porque dudó de que el poder espiritual pudiera vencer las supuestas leyes de la materia. Jesús tenía el poder de vencer las limitaciones materiales porque aceptaba a Dios, el Espíritu, como el único poder.

En otra oportunidad, un hombre llevó a su hijo para que Jesús lo viera. El muchacho sufría de una enfermedad que hoy probablemente sería llamada epilepsia. Los discípulos no habían podido sanarlo. Jesús curó al muchacho instantáneamente. Luego los discípulos le preguntaron a Jesús por qué ellos no habían podido curar al joven. Su sencilla respuesta fue: "Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible". (6)

Aunque Jesús consideraba que la fe era importante para la curación espiritual, éste no era el único elemento que caracterizaba su manera de pensar. Jesús poseía una consciencia pura, espiritualizada, que lo convertía en un verdadero profeta, "un vidente espiritual" en todo el sentido de la palabra. Jesús percibía la perfección — la perfección del hombre como imagen y semejanza de Dios. Sentía la eterna presencia de Dios, el Espíritu o Amor divino. Sabía que este poder infinito mantiene el orden y la armonía de la creación de Dios.

Esta consciencia espiritualizada le reveló a Jesús la realidad divina del ser y el poder de Dios. Lo capacitó para escuchar la voz de Dios por medio del Cristo.

La Sra. Eddy nos dice: "El Cristo es la idea verdadera, proclamando el bien, el mensaje divino, que viene de Dios a los hombres, hablando a la consciencia humana". (7)

Jesús era el hombre humano y Cristo es la Verdad que iluminó su consciencia. El Cristo, como una idea espiritual, está siempre disponible para revelarnos la Verdad espiritual de modo que todos podamos disfrutar del poder sanador y liberador de Dios.

Este Cristo, la Verdad, ha existido siempre. Moisés sintió la presencia del Cristo; por eso es que pudo demostrar el poder divino. Fue la percepción del Cristo en la consciencia lo que capacitó a los profetas de la antigüedad a discernir que el Espíritu divino o el bien infinito tiene dominio absoluto sobre la materia. Esta actividad sanadora del Cristo es más evidente en un pensamiento lleno de fe. La confianza en el bien abre las puertas a las oportunidades espirituales.

Pero la fe es sólo el primer paso que nos lleva a vislumbrar el poder divino. Estas palabras del Apóstol Santiago son apropiadas para ilustrar lo que acabo de decir: "¿De qué aprovecha si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?” Y también: "Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras". (8)

Por lo tanto, nuestras obras, esto es, las demostraciones del poder divino en nuestra vida diaria, son necesarias para evidenciar nuestra fe en el bien, nuestra confianza en Dios.

La lepra curada por medio de la oración

¿Cómo podemos avanzar más allá de la fe? Bien, aquí es donde la oración puede ayudarnos.

Recordarán que al principio de esta charla mencioné que Moisés había demostrado el poder de Dios cuando curó a su hermana, María. Ese es un ejemplo de lo que se puede conseguir por medio de la oración.

María se hallaba evidentemente celosa del éxito de su hermano Moisés. Su envidia y amargura se iban multiplicando. Junto con su otro hermano, Aarón, ella comenzó a reclamar el derecho de ser también el vocero de la ley de Dios y actuaba contra Moisés. Su actitud puso en peligro la paz y la cohesión de todo el pueblo.

La Biblia nos dice que María, entonces, se volvió leprosa.

Pero Moisés, con mucha paciencia y abnegación, olvidando los ataques de su hermana, acudió a Dios en oración. Habló con Dios, confiando en Su infinito poder, diciendo: "Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora". (9) En pocos días María fue totalmente restablecida, no solamente en su actitud mental, sino también en su estado físico.

Es evidente que la oración lo capacitó a Moisés para demostrar el poder sanador de Dios. Ahora bien, surge la pregunta: ¿Antes que Moisés orara, no estaba disponible el poder de Dios? Sí. El poder de Dios siempre está disponible, pero Moisés tuvo que orar para estar más consciente que nunca del poder de Dios para destruir, en su propio pensamiento, las sugestiones que le presentaban un cuadro de odio, rebeldía y enfermedad.

También tuve que orar para ayudar a María a ver que todo lo que está contra la naturaleza de Dios, el bien, es temporal y mortal. En otras palabras, la oración hizo a ambos conscientes de la presencia del bien eterno, conscientes del poder de Dios, y esta percepción espiritual produjo la curación.

La oración es la actividad más eficaz del pensamiento humano porque capacita a los hombres a comunicarse con Dios. Es una actividad espiritualmente mental que eleva el pensamiento por encima del cuadro mortal. Nos eleva a contemplar la realidad divina donde el poder de Dios se encuentra siempre en control de toda situación, preservando la armonía de la existencia humana.

Es interesante ver que la curación de María incluyó un cambio de actitud. Esto parece ser la regla en casi todos los casos de curación por medios espirituales, y es un indicio seguro del origen mental de los problemas humanos. Cuando el pensamiento humano es invadido por la envidia, el odio, la ambición excesiva, o alguna creencia ignorante o medrosa, el resultado es la pérdida temporaria de la armonía. Pero por medio de la oración, cualquiera puede invertir estas sugestiones opuestas a Dios y el efecto es la curación.

La oración, como un complemento o elemento sustentador de la fe, es una manera sagrada de comprender mejor la naturaleza de Dios como Amor divino, y del hombre como la expresión infinita del Amor. Las oraciones de Jesús eran eficaces porque él expresaba las cualidades del Amor divino en su vida diaria. Sus palabras y obras se caracterizaron por la compasión, la misericordia y el perdón. Esto convirtió su cristianismo en un método práctico de fe en el bien demostrado por medio de obras tangibles. Y este método de restablecer la armonía por medio del poder espiritual está a disposición de todos.

Cuando estamos dispuestos a expresar las cualidades divinas en nuestro diario vivir, cuando por medio de la oración el Amor divino llega a ser el amo de pensamientos y actos — como lo fue en el caso de Jesús — entonces también nosotros podemos demostrar el poder de Dios como lo fue demostrado en tiempos bíblicos.

Curación de un problema de relaciones humanas

Permítanme ilustrar esto. Conozco un joven que comenzó a tener problemas con una compañera de trabajo. La crítica destructiva y las discusiones violentas caracterizaban la relación entre ellos. La situación llegó a ser tan insoportable que el joven pensó en renunciar a su empleo. Pero, como Científico Cristiano, sabía que escapar no resolvería el problema. Había aprendido anteriormente que si no lo solucionaba allí mismo, el mismo problema se le presentaría nuevamente en otro lugar.

Acudió a Dios, el Amor divino, en oración. Un día, mientras oraba por armonía, se dio cuenta que siempre le echaba la culpa a su colega por la situación. También percibió que en sus propios pensamientos habitaban el amor propio, la arrogancia, el orgullo y la justificación de sí mismo, los que constituían los elementos mismos de fricción.

Percibió que esta actitud se hallaba lejos de ser inspirada por Dios, el Amor divino; de modo que sintió el deseo de hacer a un lado esas características lamentables y comenzó a expresar una mayor compasión — en lugar de reaccionar — ante los comentarios desagradables de su colega.

De esta manera sus oraciones lo condujeron a la raíz misma del problema: su concepto equivocado acerca del hombre. Había estado pensando que en este caso el hombre podía ser menos que perfecto, aunque teóricamente aceptaba que el hombre es creado a imagen y semejanza de Dios, de acuerdo con lo que dice la Biblia. Ahora tenía que demostrarlo.

Día a día comenzó a expresar más amor por su compañera de trabajo, amor como el amor que Jesús expresaba hacia todos— amigos y enemigos. Un amor abnegado y espiritual.

No hace falta decir que, cuando este hombre comenzó a expresar paciencia, consideración y a valorar el esfuerzo que la otra persona estaba haciendo en su trabajo, la situación comenzó a mejorar de inmediato. Y hoy en día ambos gozan de una relación cordial y respetuosa.

Como ven, este hombre hizo uso del poder de Dios por medio de la oración. Pero la oración no es una actividad extática que produce "milagros" por sí misma. La oración requiere re-forma, esto es, una nueva formación del pensamiento humano, abandonando la evidencia material para obtener la espiritual.

Oración: una afirmación mental del poder divino

Ahora hablemos por un momento sobre el elemento científico de la oración: ¿por que puede afectar el pensamiento humano y, en consecuencia, nuestra vida humana?

En la Ciencia Cristiana cualquier persona puede probar por sí misma que la oración científica halla respuestas. ¿Por qué? Porque orar efectivamente significa comprender espiritualmente el poder de Dios. La oración científica es una afirmación mental del poder divino. Es una declaración mental de nuestra comprensión respecto a la naturaleza verdadera de Dios como el bien infinito.

Tenemos que percibir que Dios es Amor y la fuente de todo el bien, y que El otorga a Sus hijos todo lo que ellos precisan para ser felices. Entonces la oración, en lugar de ser un pedido de favores a una deidad lejana y desconocida, se convierte en una declaración constante de realidades divinas.

Nuestras oraciones son las afirmaciones mentales de nuestra fe. Son nuestra aceptación consciente del poder del bien como el único poder.

La oración científica elimina del pensamiento humano todo lo que pretenda oponerse a Dios. Esto nos deja a solas en sagrada comunión con nuestro Padre celestial. Adquirimos así consciencia de que el poder divino lo es todo, y esto es exactamente lo que precisamos para liberarnos tanto a nosotros mismos como a otros de cualquier dificultad.

Todo mal es un producto del sentido material e ilusorio, un producto de la imaginación humana, una ilusión sin base científica. ¿Por qué? Porque Dios, el bien, es el único Creador, y ¿cómo podría Él, siendo bueno, crear el mal, la enfermedad o el sufrimiento? ¿Cómo podría el sol ser el autor de la oscuridad? ¿Cómo podría la sabiduría infinita ser la fuente de la ignorancia?

Orar eficazmente significa también erradicar del pensamiento cualquier falso concepto o contradicción acerca de Dios y del hombre. Cuando hacemos esto nuestras oraciones participan de ese ímpetu espiritual que caracterizaba las oraciones de Moisés, de los profetas de la antigüedad, y de Cristo Jesús. En otras palabras, la oración científica eleva el pensamiento humano a una altura espiritual donde se percibe y se demuestra el poder de Dios.

La oración científica, por ser una actividad mental, no requiere de ninguna actitud externa ni de ritual humano. La mejor prueba de que nuestra fe está apoyada por la oración científica es expresar cualidades espirituales en nuestra vida diaria. Cualidades como las que Jesús expresaba — amor, pureza, sabiduría.

La oración, como una comunicación espiritual con Dios, nos capacita para escuchar a Dios, para aprender a obedecer Su divina voluntad en lugar de hacer nuestra voluntad humana. Cuando aprendemos a hacer esto, el resultado es el restablecimiento y la protección natural de la armonía y el progreso en la experiencia humana.

Ciencia y Salud nos dice: "La oración que reforma al pecador y sana al enfermo es una fe absoluta en que para Dios todas las cosas son posibles, — un entendimiento espiritual de El, un amor abnegado". (10)

La comprensión espiritual proporciona una prueba permanente

A esta altura de nuestra charla hemos llegado al elemento más importante en la demostración del poder sanador de Dios como algo científico y del cual podemos depender. Me refiero a la comprensión espiritual, una comprensión de lo que son el Espíritu y las cosas del Espíritu, lo que implican y a donde nos conducen.

¿Por qué decimos que la comprensión espiritual es tan importante? Porque cuando comprendemos espiritualmente que Dios es Amor y Verdad y la fuente de todo el bien, entonces podemos comprobar esto en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. Comprobamos cómo la armonía, la salud y la paz se restablecen en nuestra experiencia humana. En otras palabras, esta comprensión espiritual revive el elemento sanador del cristianismo primitivo como lo fue en la época de Jesús.

Hemos dicho que la fe es el primer paso conducente a la demostración del poder de Dios — y siempre necesitamos fe, "la substancia de las cosas que se esperan". Pero la comprensión espiritual es más elevada que la fe.

Durante esta conferencia, el poder de Dios por medio de la fe ha sido ilustrado varias veces. Recordarán que la fe que tuve cuando niño me liberó de la esclavitud de un problema físico que limitaba mi capacidad de caminar normalmente. Pero esta experiencia fue solamente una vislumbre esporádica del poder divino de curar y proteger. La fe sola no fue suficiente para enseñarnos a mi familia y a mí como reclamar ese poder para problemas posteriores.

No fue sino hasta que nuestra fe fue apoyada por la comprensión espiritual que comenzamos a experimentar curación espiritual y protección en forma consistente.

En la Christian Science aprendimos la naturaleza verdadera de Dios como Verdad, Amor y Vida, como Principio infinito, Mente y Alma, como el Espíritu único y eterno. Y aprendimos que el hombre es el reflejo de Dios. El original es Dios, pero así como un espejo refleja exactamente la imagen del original, del mismo modo, el hombre, como la imagen de Dios, refleja exactamente todas las cualidades de su Creador.

Mary Baker Eddy y su comprensión espiritual del poder de Dios

Cuando el pensamiento humano busca sinceramente el poder de Dios a menudo ese poder se vislumbra primero a través de una chispa de fe. Luego, por medio de la oración, la inspiración y la intuición espiritual, se alcanza la comprensión espiritual — la plena percepción de la realidad espiritual.

Mary Baker Eddy comenzó su búsqueda del poder de Dios, el bien, comenzando desde la fe.

El pensamiento de la Sra. Eddy, desde su primera infancia, se caracterizó por una profunda fe en Dios. Cuando tenia doce años escribió una poesía, y uno de sus versos dice:

"Aumenta Tú mi fe, expande mi visión" (11)

Es evidente que ella siempre fue impulsada por un profundo deseo de conocer mejor a Dios y de probar lo que un conocimiento de lo que es Dios podía hacer por el hombre.

A esa misma edad, por medio de la oración, la Sra. Eddy se recuperó de una fuerte fiebre lo que sorprendió hasta al médico de la familia. Esta experiencia, como muchas otras, eran verdaderos indicios del poder de Dios en operación.

La fe de la Sra. Eddy aumentó, verdaderamente. En años sucesivos pasaría por muchas pruebas con una firme confianza en el poder de Dios. Esos fueron años de enfermedades, soledad, y pobreza. Quedó viuda cuando era muy joven, le quitaron a su único hijo, quedó sin recursos financieros y enfermó gravemente. Probó que "la hora más oscura precede al amanecer".

Dios había verdaderamente aumentado su fe, porque en un momento crucial cuando la muerte parecía inminente en su experiencia, ella pidió que le alcanzaran una Biblia, y leyó un pasaje donde Jesús curó a un paralítico. Entonces, en un relámpago de iluminación percibió la naturaleza totalmente espiritual de Dios y de Su creación. El resultado de esta vislumbre espiritual fue su curación instantánea.

Pareció ser un milagro. Pero tiempo más tarde, su investigación basada exclusivamente en el estudio de la Biblia y en la oración, le reveló que no había sido un milagro. Había sido la actividad espiritual de la Verdad y el Amor.

Y entonces comenzó a trabajar, a orar, a escribir, a sanar a otros, y a enseñar para dar al mundo la prueba de que cualquier persona puede recibir los beneficios de su descubrimiento.

Como pueden imaginarse, se encontró con una gran oposición. Fue objeto de burlas y persecuciones. El materialismo del mundo — como en la época de Jesús — no estaba preparado para aceptar la evidencia del poder de Dios, el bien, como supremo sobre las pretensiones ilusorias de la materia y del mal.

A pesar de esta resistencia, su comprensión espiritual respecto a la naturaleza de Dios y a la relación entre el hombre y Dios se hizo evidente en innumerables vidas rescatadas del pecado, de la enfermedad y del temor a la muerte. La Iglesia que fundó — La Primera Iglesia de Cristo, Científico — y las obras que escribió, todavía comprueban que la verdad eterna descubierta por la Sra. Eddy proporciona al mundo la comprensión espiritual que sana al enfermo y reforma al pecador.

La comprensión espiritual revela al hombre como la imagen de Dios

La comprensión espiritual contradice las mentiras del sentido material y revela a la consciencia humana aquello que es verdad, aquello que fue creado por Dios y que está disponible para todo el mundo. Nos muestra que lo armonioso es verdadero. Que la perfecta creación dé Dios está intacta. Y aprendemos que Dios, el Espíritu infinito, siempre gobierna al universo y al hombre. Y entonces aprendemos que el hombre, como la imagen y semejanza de Dios, no es de manera alguna material sino enteramente espiritual. El hombre refleja todas las cualidades espirituales de su Creador.

Por supuesto, esto no quiere decir que la estructura mortal y humana sea esa imagen o reflejo. El sentido material no percibe la imagen divina. El sentido material es incapaz de ver el bien que está a disposición de todos. Y cuando digo el sentido material quiero decir la mente carnal, esto es, todo pensamiento que acepta la materia como el origen de todas las cosas, la materia como la única existencia. Los sentidos materiales son limitados, mortales y erróneos, porque no tienen su origen en Dios. Tienen su origen en una mentira, en la suposición de que el mal es tan real como el bien, y más poderoso.

Estos sentidos materiales sugieren que el hombre peca, sufre, y muere, porque declaran al hombre sujeto a las así llamadas leyes de la materia. Estos sentidos materiales sugieren que el hombre es gobernado por impulsos animales. En una palabra, el sentido material en su ignorancia de las realidades espirituales, niega la Paternidad de Dios, el único Creador del hombre y del universo.

Es el sentido espiritual, la comprensión espiritual, lo que produce la armonía en la vida humana porque revela el origen puramente espiritual del hombre y la naturaleza afectuosa de Dios. Proclama la existencia de un poder invisible — derivado de Dios — que puede liberarnos de cualquier ilusión discordante presentada por la creencia material.

Una experiencia sanadora

La Sra. Eddy escribe: "El Espíritu imparte el entendimiento que eleva la consciencia y conduce a toda la verdad". Y luego agrega: "El entendimiento es la línea de demarcación entre lo real y lo irreal". (12)

No hace muchos años, yo mismo pude comprobar que este entendimiento confiere curación. Durante mis años de universidad tenía yo un buen empleo en una firma comercial y al mismo tiempo disfrutaba de las actividades en una filial de la Iglesia de Cristo, Científico. Tenía muchos motivos para sentirme feliz, no obstante comencé a sentirme insatisfecho respecto a mi empleo. La sugestión de que no progresaba en la vida con la velocidad que yo pensaba que debería hacerlo comenzó a tomar posesión de mi pensamiento. La impaciencia, la ambición desmedida, el desaliento y la tristeza comenzaron a invadirme.

Finalmente, un día, mientras trabajaba en mi oficina, me sentí tan enfermo que tuve que pedir permiso a mis empleadores para retirarme a mi casa. Cuando llegué a mi hogar una persona de mi familia llamó inmediatamente a una practicista de la Ciencia Cristiana para que me ayudara por medio de la oración. Pero ya mis fuerzas físicas — y mi existencia humana — parecían llegar a su fin.

En ese momento, oré a Dios de todo corazón. Al orar vino repentinamente a mi pensamiento cuál era el problema. Sentí que estaba intoxicado.

Mediante el estudio de la Ciencia Cristiana había obtenido cierto grado de comprensión espiritual. Había aprendido que los desórdenes físicos — de cualquier naturaleza — tienen un origen mental en el pensamiento ignorante o temeroso, o simplemente equivocado, sea nuestro o de otros.

De modo que no traté de localizar el origen del problema en una comida en malas condiciones. Ni tampoco acudí a ninguna medicina material como antídoto. Sino que percibí que el origen de esa condición física lamentable era mi ingratitud hacia Dios. La amargura de la ingratitud había trastornado el normal funcionamiento de mi organismo. Mi descontento era el veneno.

Inmediatamente comencé a corregir esto. Hice un balance mental de todo lo bueno que había recibido en los últimos años. Esa era mi oportunidad de reconocer que no hay dos poderes, el mal y el bien, luchando por la supremacía. Tenía que comprender de una vez y para siempre, que sólo el poder de Dios, el bien, es verdadero; que el bien es supremo sobre todo, y que el mal no es sino una ilusión de los sentidos materiales, el producto de la mente mortal o carnal.

Cuando acepté estas verdades espirituales, cuando cambié mi amargura por gratitud y satisfacción espiritual, la curación de la enfermedad física comenzó a producirse, y al cabo de unos días recobré completamente mi salud.

Como ven, la fe me hizo acudir a Dios buscando Su ayuda; la oración me permitió comunicarme con Él, silenciosa y espiritualmente, pero la comprensión espiritual me hizo discernir con certeza científica la naturaleza ilusoria de la enfermedad y la verdad acerca del poder infinito de Dios como el único poder capaz de restablecer la salud.

Por supuesto que un tema tan infinito como este apenas si puede ser tratado en una hora, pero aun con un poco de comprensión espiritual, el poder de Dios puede experimentarse ahora mismo.

El poder de Dios es para todos

¿Quién puede tener suficiente comprensión espiritual hoy en día como para liberarse a sí mismo y liberar a otros de aquello que pretende oponerse a Dios? ¡Cualquier persona! Cualquier persona que realmente desee espiritualizar su consciencia; cualquier persona que tenga fe en el bien y apoye su fe con la oración científica; cualquier persona que busque el poder de Dios en su vida diaria como el único camino conducente a la salud, la felicidad y la libertad.

Esta es una posibilidad presente para cada uno de ustedes; una posibilidad presente para todos.

 

* Christian Science: pronunciado Crischan Sáiens.

 

1. Hebreos 11: 24,25

2. Ciencia y Salud, p. 297

3. Hebreos 11:1

4. Ciencia y Salud, p. 593

5. Mateo 14:31

6. Mateo 17:20

7. Ciencia y Salud, p. 332

8. Santiago 2: 14,18

9. Números 12:13

10. Ciencia y Salud, p. 1

11. Poems, por Mary Baker Eddy, "Resolutions for the Day", p. 33

12. Ciencia y Salud, p. 505

 

[1974.]

 

 

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